Blog, Entre Visillos

El Síndrome de la Cabaña 2ª Parte.

El Síndrome de la Cabaña ( 2º Parte)

Me quedé dormida, soñé recuerdos pasados de mi feliz juventud, soñé con parques, amigos, abrazos y días felices, me interrumpió un ruido, lo reconocí como el timbre de la puerta de la calle;  Mi hija había venido para socorrerme para ampararme.

Cuando mi hija se empeñó en que saliera con ella a comprar las medicinas me negué en rotundo, no quería exponerme al virus, el bicho estaba en la calle en todas partes, yo en mi casa estaba a salvo, como la doncella en su castillo, bien segura y protegida por anchos y altos muros limpios y saneados, en la calle había muchas personas, y luego estaba entrar en la farmacia llena de personas mayores como yo; no me podía obligar, yo me encontraba tan a gustito en mi casita, la calle era un mundo hostil inhóspito inseguro muy amplio y desconocido para mí. Mi hija insistía e insidia, quería que saliera a acompañarla a la calle, que me quedara en la entrada de la farmacia. Me aferre como un niño a mi butaca y me negué en rotundo a salir con ella, el mundo se había echo muy grande para mí.

Me fui a la cocina cogí mi amuleto, me puse el abrigo y me agarre al brazo de mi hija, me había convencido, igual que lo hizo su padre para que me casara con él, testarudo constante y cuco, igual había salido la niña;  Hacia mucho tiempo que no veía a mi amiga Prudencia, y si ella estaba en la calle comprando en la frutería yo también iría a la farmacia a comprar con mi psicóloga personal, y con mi amuleto…una cabeza de ajo.